Posts Tagged ‘Tierra bandeada’

Tierra bandeada al lado 4

noviembre 17, 2008

Guinadi recomienda que llamemos a la policía, “son marroquíes, se van en marzo, el dueño no los quiere ni ver. No pagan el alquiler, no pagan expensas, tiran lo que barren en el pasillo. En marzo se van.”
Iluso, Guinadi, no se van a ir. No se puede echar a una familia con hijos. Comenzará una historia de jueces, abogados, órdenes, recursos.
Y si denunciamos a la madre del niño por maltratos, el servicio social le quita el hijo.
Si eso sucede, es probable que el contrabandista nos tire su gente encima.
Nos rompen el alma.
Seguro, está armado.
Están locos.
Son pesados.
Pero, el chico, el que la pasa peor que todos.

Tierra bandeada al lado 3

noviembre 17, 2008

Ana sube al departamento del encargado del consorcio, Guinadi, para contarle la situación que se dio.
Va a tocar el timbre, cuando, abajo, al lado el felpudo, en postura de descanso, un gato.
Está embalsamado.

Tierra bandeada al lado 2

noviembre 17, 2008

Los insultos y gritos de la vecina no césan.
Abro la puerta, salimos con Pepita, que está apurada, y oigo más claro, “hijo de puta, retardado, quedate quieto.”
Llora un bebé, la madre redobla su pesadilla.
Tocamos el timbre:

–¡Quién es!
–Los vecinos.

Abre. La madre. No más de veinte años.

–Qué pasa.
–Mirá, toda la tarde estás insultando a tu hijo, tus gritos…
–No hay probla.
–¿Cómo no hay problema?
–¡Silencio!

Cierra de un portazo.

Insistimos con el timbre, y desde adentro:

–¡Silencio!

Tierra bandeada al lado

noviembre 17, 2008

Se oye a través de la pared:

–Si te hacés pis o caca te tajeo la cara.

Una esposa del contrabandista que reprende a su hijito.

Tierra al borde

noviembre 15, 2008

Viernes a la noche, se me acerca Nava, aquella mujer con sus perros que amerita ser la primera persona que nos saludó en Arad.
Aún así, trato de zafar, porque desde el jueves está tratando de convencernos de que aceptemos una gatita que necesita entregar urgente o, en su defecto, un perro negro que recogió de la calle.
Fallo, Pepita se planta, de cara al encuentro con las perras que arrastran a Nava.
Vuelve a la carga con la gatita, le digo que no presione, tenemos tres gatos y una perra, no podemos.

–Entiendo, responde, pero, de todos modos, sin compromiso, podría pasar yo por la casa de ustedes y la ven. Es blanca…
–No, Nira, ni se le ocurra.
–Está bien, está bien,yo sólo quiero pasar a visitarlos a tomar un té, llevo a la gatita dentro de una jaula.
–Nira, no quiero ni verla a esa gata. Usted puede pasar las veces que quiiera por nuestra casa, a condición de que no lleve gata.
–Ya sé, pero piénsenlo.
–No pienso ni pensar.
–Pero piénselo.

Interrumpe una pareja, son vecinos de Nava:

–Mire, Nava, la verdad que ya estamos cansados del barullo que hacen sus perros.
–No son mis perros.

La pareja del hombre, confirma:

–No, no son sus perros, es el nuevo vecino, el que se mudó hace un mes.

El hombre no pide disculpas.

–Qué gente–, comento a Nava.

Me despido.