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Tierra del fuego 74

enero 18, 2009

A las 16:42, el Hamas anunció un alto del fuego, a condición de que Israel retire sus tropas en una semana. A las 19.11, Israel anunció que Tsahal comienza a replegarse, en forma parcial. En Sharem-al-Sheik, el presidente egipcio Mubarak está reunido con Nicolas Sarkozy, y se espera la llegada de los líderes de Gran Bretaña, Alemania, España y Jordania. Una cumbre, para tratar los temas del repliegue israelí, el contrabando de armas para Hamas, la apertura de los pasos fronterizos, la reconstrucción de Gaza. Como siguiendo un guión, en forma puntual, un día antes de la asunción de Obama. Un día antes de un probable cambio en la subjetividad de los Estados Unidos hacia Israel, no una revolución, pero Israel, desde ahora, a lo mejor, ya no gozaría de la impunidad de la que hizo gala durante los últimos diez años, y que se potenció hasta la demencia en el último lustro. Diálogos como este, hoy mismo al mediodía. Conversa la locutora Esti Peres, por Cadena Bet, con el ministro de infraestructura Binyamin Ben-Eliezer. El tema, para hacer como que en Israel también preocupan otras cosas, era el hallazgo de reservas de gas natural frente a la costa de la ciudad de Jaifa. Pero, luego, la charla se desliza a Gaza:

Ministro Ben-Eliezer:
El Hamas, en vista de la destrucción que le causamos, se verá obligado a dialogar con Egipto, y a aceptar las condiciones del cese de fuego. Entonces, Hamas pondrá sobre la mesa la apertura de los pasos fronterizos. Ahí, entonces, les aumentamos nuestro precio: Guilad Shelit. En tanto, no hay quien se ocupe de esos pasos. No hay gobierno en Gaza. No hay policía ni gendarmes.

Esti Peres:
No hay gobierno, no hay policía, no hay Hamas. Pero los cohetes siguen cayendo.

Ministro Ben-Eliezer:
La célula que hoy lanzó los cohetes a Ashdod ha sido eliminada.

Esti Peres (con incredulidad y emoción):
¿Eliminada?

Ministro Ben-Eliezer:
Eliminada.

Cuando hoy encendimos la radio, a eso de las diez y media de la mañana, se escuchaba una voz disidente, en diálogo con Yaarón Dékel, en “Todas habladurías”. Esta voz decía “qué gran victoria la nuestra, 410 niños asesinados, 800 civiles de entre lso 1200 muertos, qué hermosa imagen transmite Israel al mundo de nosotros, los israelíes.” Era Guideón Levi, por primera vez entrevistado en un medio público desde que comenzó la campaña. Denunció las violaciones de Israel a la tregua de seis meses que precedió a la invasión, y, lo que más duele a un periodista canalla, la unidad monolítica de las voces que se oyeron en la radio y la televisión durante las últimas tres semanas (y antes, también), “qué bien dialogamos con nosotros mismos”. “Pero vos”, le objeta Dékel, “no sos un pacifista”, y Levi, “por supuesto que no, no soy tan ingénuo de descartar la opción militar. Pero siempre dije que la militar es siempre la última, cuando no hay salida. Para Israel, en cambio, la guerra es siempre la primer opción. Nunca, por favor, vamos a dialogar. Vamos derecho a la guerra, eso es lo que a este pueblo le gusta.”

En Shderot, conversaban con el público. Le tocó a un ruso, sabía hablar poco, pero lo justo:

Inmigrante ruso:
Lo que hay que hacer: matar, matar, matar. Matar a todos. Luego, arrojarlos a todos al mar.

Es duro, muy duro.
Pobrecitos aquellos que murieron.
Pobrecitos los heridos, pobre, muy pobre, la ciudad de Gaza.
Pobres aquellos que viven a merced de la maldad.

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