Archive for 31 octubre 2008

Tierra fallada

octubre 31, 2008

Dirán, este siempre separa: beduinos, sudaneses, etíopes, judíos, rusos (judíos, cristianos).
Pero uno aquí ve, y vive, en fragmentos.
En el sobre que llegó ayer desde Castelar, con recortes de la prensa argentina, mis suegros incluyeron un viejo artículo de Alicia Dujovne Ortiz.
En un párrafo, aventura “Israel se está convirtiendo en una gran computadora.”
Nuestra amiga y ex-alumna Sima, lo dijo así: “Israel es un gran programa de computación fallado.”

Tierra afuera 4

octubre 31, 2008

A un costado de la verdulería, el dueño del negocio, judío, negocia con un beduino.
No alcanzamos a entender qué esta en juego, pero discuten fuerte, “¿cómo me vas a pedir eso? Vamos, haceme una rebaja, te pago… ”

Más atrás, uno de los beduinos empleados allí le pide a otro, beduino veterano (túnica blanca ajustada a la cabeza, gabán largo y gris), “moveme esos cajones de fruta”.
El veterano le dice con un gesto, “¿A mí me pedís, pibe? No muevo nada”.
Y no lo hace.

Tierra afuera 3

octubre 31, 2008

Sentado en la Tokio, morizqueo pan, acaricio a Pepita.
Miro a refugiados que conversan en un banco de plaza.
Ahora visten humilde, ropa gastada, están cansados, no son imponentes.
¿De dónde son?
¿Eritreos?
¿Vienen del trabajo?
¿Cómo les va?

Tierra afuera 2

octubre 31, 2008

Sentado en la pizzería-heladería “Tokio”, junto a Pepita, que acabamos de adoptar en la perrera municipal, bebo té con nana.
Oigo llegar al muchacho beduino que vende organitos electrónicos con micrófono incluído: escalas de ida y vuelta, con un dedo, como una flauta de afilador.
Se acerca a la mesa de mi derecha; allí se sientan seis, hombres con sus mujeres.
Negocian los hombres:

–¿Cuánto?
–Ciento ochenta.
–Estás loco.
–Se lo dejo por ciento cincuenta.
–No, de veras, hacé un precio.
–Bueno, cien, ¿está bien?
–Cincuenta.
–Se lo dejo a ochenta.
–Cincuenta.
–Está bien, cincuenta.

Los tipos se ríén, no le compran.

Tierra afuera

octubre 31, 2008

Un grupo de jóvenes sentados en los bordes del monumento abstracto, en la plaza seca del centro, frente al banco Hapoalim.
Visten camiseta blanca, pantaloncitos cortos haciendo juego.
Hay una pelota de fútbol, pasa beduino de su misma edad:

“Por qué no vienen a jugar al fútbol.”
“¿Adónde?”
“En la aldea.”

No alcanzo a oir la respuesta.

Tierra a tierra 2

octubre 30, 2008

Los padres arados, tiemblan ante la posibilidad de que sus niños arados se contagien de algunas de las enfermedades que puedan portar, potencialmente, los niños refugiados.
Temen disenteria, tuberculosis, sida.
Piden, con razón, que los niños refugiados sean sometidos a revisación médica: ninguno está vacunado, y nunca fueron vistos por médicos del ministerio de salud, quien deriva la responsabilidad a los contratistas de trabajo.
Que quede en claro: los padres vecinos de Arad no están preocupados por la salud de los refugiados, sino por el contagio de sus hijos.
Proponen los arados que, hasta que se resuelva algo en este sentido, los niños refugiados sean separados y aíslados de los araditos.
De paso, argumentan que las diferencias culturales confirman la necesidad de apartar a los niños africanos.
Los refugiados, mientras tanto, parecen tan bien puestos aquí.
Bien vestidos, fuertes.
¿Cómo se relacionan con este tema?
¿En qué piensan, de qué hablan?
A juzgar por algunas escenas que sorprendemos, ríen, hacen bromas, se los ve relajados.

Tierra a tierra

octubre 30, 2008

La gente arada tiene miedo.
El semanario local “Hatzví” le dedica hoy bastante espacio a la situación de los refugiados de Sudán en Arad, que, según aprendo de la lectura de una de las notas, no sólo vienen de la franja de Darfur (este de Sudán), sino de Eritrea.
El semanario confunde un poco las procedencias, por que dice “de Sudán, la franja de Darfur y Eritrea”.
Me parece que los datos enrevesados se relacionan con el hecho de que las guerras (civil sudanesa, conflicto fronterizo eritreo-sudanés, limpieza étnica en la franja de Darfur) han creado una mezcla de pueblos expulsados que, en parte –si es que pasan con vida la frontera con Egipto –reciben asilo en Arad.
Al principio, luego de ser liberados de la cárcel –su primer domicilio en Israel–, los refugiados se iban a Tel-Aviv a buscar trabajo. Se los veía en un plaza muy parecida a la Miserere portela, entre las dos terminales de ómnibus, la nuva y la vieja, sentados en los bancos, recostados en el piso, de pie, conversando, esperando.
La municipalidad de Tel-Aviv presionó, y logró que, por acuerdo con diverasas organizaciones sociales y el Ministerio del Interior, se delimitara una zona de residencia obligatoria para los refugiados: al norte de Jedera y al sur de Guedera. Refugiado que sea sorprendido en el centro del país, con la salvedad de que esté por trámites en oficinas de Naciones Unidas, será detenido, encarcelado e, incluso expulsado del país.
Arad, bien al sur de Guedera, es la ciudad a donde han ido a parar gra parte de esta gente.
Trabajan en la hotelería del Mar Muerto, y en la agricultura.
Mientras tanto, sus niños ya se están incorporando al sistema escolar.
Entonces, los padres de los chicos israelíes entraron en pánico.

Tierra isla

octubre 30, 2008

Preguntabamos, en la cola de la frutería, si alguien sabe hasta que hora atienden en la municipalidad.
“No tengo ni idea”, “no se”, “me encojo de hombros”, y una voz:

–Hasta las cuatro.

Agradecemos:

–No, le hablaba a otra persona.

Averiguar por nosotros mismos, está cerca de casa, la Municipalidad.
Arad es tan chico, no está lejos de casi nadie.

Tierra oscura

octubre 30, 2008

Estoy escribiendo, son las dos de la mañana; Ana, que dibuja en el living, me llama.

–Vení. Vení rápido.

Voy:

–¿Qué pasa?
–Oí.

Oigo.

–¿Escuchás?
–Creo que oí algo.
–¿Qué es?
–Un gato.
–¿Un gato?
–Un gato enojado.
–Ah, qué susto.

Habíamos leído que, a veces, en el desierto de Judea, aparecen leopardos.

Tierra seca 5

octubre 29, 2008

Nos vamos de allí, es de noche; regresamos a casa discutiendo el asunto del agua y lo que habíamos pasado. Nos decimos que a nadie le importa nada, que la derecha sólo quiere expulsar árabes y quedarse con todo, pero son tan estúpidos que. cuando tengan todo, si es que lo logran, esto será un páramo.
Estamos en eso, cuando tres perros surgen del brazo de desierto que acompaña a la ruta al Mar Muerto. Tres chuzos, dos grandes y negros; el tercero, blanco con pintas negras, como el nuestro que tuvimos.
Tomamos por avenida Yehuda, ellos por delante nuestro.
De pronto sorprenden a un gato y se les van al humo.
El gato se mete en el pasillo de un edificio y los perros lo corren.
“Lo van a matar”, grito.
Ana corre hacia donde ladran con furia, “¡Vamos, fuera, váyanse a su casa!”, les manda.
Los perros, cómo obedecen, salen en hilera, el más chico atrás, los otros dos adelante, doblan la esquina, se pierden por izquierda.
Nosotros torcemos a la derecha.