Durante el paseo con nuestra perrita, este mediodía, comprobamos cómo, plantas, pequeños árboles y arbustos, dispuestas a lo largo del lecho seco de río que desciende hasta el Mar Muerto, del lado de la calle Tsabar, se están secando. Las mangueras que las irrigan han sido cortadas, y lo mismo sucede con el resto de los jardines públicos y privados de Arad. La acción bélica que está llevando a cabo Israel, no sólo está destinada a borronear los actos delictivos del primer ministro. Esta acción de guerra no sólo tiene como fin ganar tiempo para que la candidatos de Kadima y el laborismo sumen intención de voto con vista a las elecciones generales del 10 de febrero (cada vez se habla más de posponerlas, para favorecer, por medio de la prolongación de la violencia hasta marzo, las posibilidades de Livni y Barak). Tampoco es, en forma abierta, una carrera a contrareloj antes de la asunción de Obama. Es, también, un intento a bombazos de hacer olvidar al electorado una durísima realidadl: Israel se está secando. Pocos saben que, desde el 1 de noviembre, rige una ley por la cual se prohibe regar los jardines, tanto públicos o privados, so pena de multas altísimas e incrementos del 250 por ciento en las facturas del agua. También ya hay recortes drásticos en las cuotas de riego para la agricultura. En este invierno casi no llovió, el mar Kineret (Tiberíades), fuente principal de agua potable de este país, no para de descender y podría desaparecer en uno o dos años. Lo mismo le sucede al Mar Muerto (que puedo ver desde la calle Tsabar, cuando no hay bruma, como hoy), un mar de sal, que es fuente riqueza a partir de las industrias, turística, química y de medicamentos, gracias a las cuales, en combinación con la sequía, dentro de poco también dejará de existir. La clase política y militar que gobierna este país, no hizo nada en revertir esta tendencia, se tapó los ojos y siguió pateando hacia adelante. Hace un par de años se dio la alarma, pero nadie hace nada: es más fácil y rápido poner en acción una maquinaria bélica que ponerse a pensar. Así están. Israel, sin verde, sin agricultura, sin la leyenda de la domesticación del desierto y su conversión en un vergel, corre el peligro de perder, por descascaramiento, su fachada occidental: uno de los fundamentos según el cual su dirigencia justifica el sometimiento y colonización de otro pueblo, de cultura no occidental. Si Israel, entonces, se secase, si el desierto ganase terreno, su paisaje sería más parecido al de sus vecinos. Sin los recursos de petróleo de sus vecinos de la península arábica, sólo quedaría sostenida del travesáño de Occidente por sus industrias bélica y de alta tecnología. Hasta que estas comience a secarse también.
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Enero 8, 2009 a las 8:01 pm
Es más que posible que Medio Oriente esté mostrando el trailer de las próximas grandes guerras púnicas –por el agua.
PS: Me gustó el breve relato/polaroid Nº 4 de “Agua”, tu primer post.